

Apostolado Seglar organiza o sábado día 13 de febreiro no Fogar de Santa Margarida un Encontro de reflexión e convivencia dirixido a tódolos laicos da Vicaría da Coruña e se dedicará ao estudo da Doctrina Social da Igrexa.



Perspectiva teolóxico-pastoral
10h Oración. Con la canción Cara a cara, de Marcos Vidal.
Dirigida por D. Rafael Casás
10.30h Ponencias
I. Dimensión profética da Igrexa. Perspectiva teolóxica.
II. Perspectiva práctica
Profesor Xulio Andión, teólogo
16.30h Grupos
17.30h Comunicacións
- O compromiso político vivido desde a fe.
Por Pilar Farjas, conselleira de Sanidade
19h Asemblea. Celebración

A Fundación Fogar de Santa Margarida de A Coruña organiza esta semana a XXIV Semana de Teoloxía e Pastoral baixo o lema: 





En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
- «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?»
Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó:
- «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
- «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo:
- «Decid a la gente que se siente en el suelo.»
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
- «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
- «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:-¿«Qué deseas?»
Ella contestó:-«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a
tu derecha y el otro a tu izquierda.»Pero Jesús replicó:-«No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? »Contestaron:-«Lo somos.»Él les dijo:-«Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:-«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»


Acceso a la Carta-Encíclica completa

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo:
-«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.»
Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.



En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:
-«Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Amigos, por enredar demasiado co remate do curso académico, non enredei suficientemente cos textos evanxélicos, e quedei en débeda convosco.
Reparo parcialmente esa débeda mandando tamén o evanxeo do domingo pasado.
O deste domingo pon en evidencia a capacidade destrutora dos prexuízos, que nos impiden achegarnos ás persoas tal como son, ou mellor aínda, sexan como sexan, recoñecendo nelas a súa dignidade de persoas e de fillos amados de Deus (que pode estar estragada, deteriorada ou esquecida ou non asumida), aínda que nós sintamos por eles as antipatías máis alérxicas. ¡Coidado coas alerxias! Teñen demasiado de componentes ideolóxicos e nada de evanxélicos…
A nosa mentalidade pode ser o eficaz filtro que impide que o evanxeo chegue ao corazón, porque non pasa da cabeza… Por iso falamos sempre de conversión, sempre inacabada, sempre mostrándonos as zonas escuras do ser, onde temos medo de entrar…
¿Existe xente coa que non queremos nin desexamos nin esperamos ter que falar, porque xa sabemos como son? (¡Se cadra ten nome de bispo, ou de crego, ou a etiqueta dunha asociación, familia espiritual…!)
Os nazarenos coñecían demasiado ben a Xesús e a súa familia e xa sabían o que podían esperar del. A conclusión é tremenda: por esa vía o que conseguimos é nada, o baleiro total, o silencio frío da indiferencia. Nin sequera lle permitimos a Xesús “tocarnos”…
Unha aperta a todo@s
Andrés GV

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
- «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? .»
Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía:- «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus
parientes y en su casa.»No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
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